martes, 26 de agosto de 2014

CONTROL DE LECTURA SETIEMBRE

ALUMNOS  DE NUCLEOS DEL COLEGIO SANTO DOMINGO LA FECHA DE ENTREGA ES
MARTES 16 Y JUEVES 18 DE SETIEMBRE


ACTIVIDAD DOMICILIARIA  CONTROL DE LECTURA ESCRITA Y ORAL   (De carácter individual)
  “EVOLUCIÓN DE LOS MODELOS ECONÓMICOS EN AMÉRICA LATINA”
Leer atentamente el siguiente texto y responder las siguientes preguntas utilizando además otros materiales vinculados con lo que se solicita.
1- ¿Cuáles son las vinculaciones que se pueden encontrar entre el modelo exportador de Andy Thorpe y Alonso Aguilar Ibarra, en el trabajo titulado "Los modelos económicos de utilización de recursos naturales en Latinoamérica", con el nuevo modelo económico neoliberal ?
2- Analice el modelo ISI y vincúlelo con el "impulso industrial" del Neobatllismo.
3- Teniendo presente las características del nuevo modelo económico neoliberal que se viene aplicando desde los ochenta en toda América Latina ¿cómo se viene instrumentando ese modelo económico en el Uruguay?

Debe fundamentar la pregunta citando casos o ejemplos de políticas realizadas por los distintos gobiernos uruguayos.
Andy Thorpe y Alonso Aguilar Ibarra. Los modelos económicos de utilización de recursos naturales en Latinoamérica. Ensayos de Economía (EDeE). No. 36. JUNIO DE 2010. pp. 127-142.
LOS “VIEJOS” MODELOS ECONÓMICOS
Desde el punto de vista histórico, se puede considerar que la utilización de recursos naturales en Latinoamérica ha pasado por tres modelos distintos: el exportador (de la época colonial a principios del siglo veinte), la sustitución de importaciones (casi todo el siglo veinte) y el nuevo modelo económico o neoliberalismo (desde finales del siglo veinte).
El modelo exportador
El primer modelo, el exportador, fue implantado en la región desde el tiempo colonial y permaneció en muchos países hasta mediados del siglo veinte. El origen de este modelo tuvo lugar durante la etapa colonial, durante la cual los metales preciosos fueron extraídos de muchos países latinoamericanos. Tal modelo fue impulsado por tres factores externos (pero inter-relacionados), apoyado en muchos casos con políticas nacionales: la revolución industrial, la expansión agrícola y el transporte.
a) La revolución industrial. Comenzando en el Reino Unido alrededor de 1780, la revolución introdujo nuevas técnicas de producción en las industrias textiles, mientras que mejoras en la producción de hierro/acero y las innovaciones en la generación de poder (vapor y después electricidad), ayudaron a expandir la capacidad productiva en los poderes industriales emergentes (PIE). Esta revolución tiene dos consecuencias importantes para América Latina. Primero, el crecimiento en la capacidad productiva estimuló la demanda de recursos agotables, especialmente de minerales como hierro, estaño o cobre. Ésta era una demanda que los PIE no podían satisfacer con la explotación de sus minas nacionales. Por lo tanto, se abren oportunidades o afianzamiento del colonialismo para que los países con tales recursos pudieran beneficiarse a través del comercio internacional. En Bolivia por ejemplo, las exportaciones de estaño crecieron de 3,750 toneladas métricas en 1897 hasta 44,590 toneladas métricas en 1913.
Segundo, las ganancias en la productividad industrial permitieron una baja en los costos de la producción final industrial y, como la revolución tecnológica no se difundió a la producción minera o agrícola en América Latina sino después del siglo diecinueve, los precios de sus productos subieron por la creciente demanda. Por lo tanto, los términos netos de intercambio comercial mejoraron para la región a lo largo de la mayor parte del siglo dieciocho (Schneider, 1981), permitiendo un incremento en la capacidad de importación, por lo que aumentaron los ingresos por aranceles, cerrando así la brecha fiscal en varios países.

b) La expansión agrícola. El estímulo agrícola para la región viene por dos lados. Primero, para reforzar el proceso industrial, los PIE cambiaron su política de comercio. Liderado por el Reino Unido, de los 1850s en adelante, se derogaron los aranceles designados a proteger los productores nacionales de la competencia internacional en favor de permitir la entrada de productos agrícolas provenientes de clima templado pero más baratos, con el objetivo de bajar los costos laborales y, a través de eso, reducir todavía más los precios de los bienes industriales. Argentina fue uno de los principales beneficiaros de esta política, expandiendo su producción de maíz desde 1.6 millones de hectáreas en 1894 hasta 6.6 millones de hectáreas en 1914, volviendo a ser una de las doce naciones más ricas en el mundo en los años 1920s.
Segundo, la industrialización en los PIE se refleja en el crecimiento del PIB per cápita y por una demanda creciente por nuevos productos agrícolas tropicales – entre los cuales podemos destacar el café. Las exportaciones colombianas de café, por ejemplo, crecieron de 23,000 sacos en 1845 a 1.1 millones de sacos en 1915, aunque es cierto que la mayor importancia de las exportaciones de café se efectuaron en el siglo veinte.

c) El transporte y la conservación de alimentos. El tercer estimulo fue el desarrollo de nuevos métodos de transporte así como formas de preservar los alimentos. El ferrocarril, los buques de vapor y la invención de la refrigeración ayudaron a sacar cantidades más grandes de recursos de la región, con menos costos y con menos pérdidas del producto durante la transportación.
Sin el ferrocarril y la refrigeración en los barcos, las exportaciones de plátano desde Costa Rica no hubieran ascendido desde casi 111 mil racimos en 1883 hasta poco más de dos millones de racimos, lo que lo convirtió en el segundo exportador mundial de plátano para 1898. En México, por ejemplo, el ferrocarril creció de 472 Km. en 1873 a 19,205 Km. en 1910, lo que fue clave para reducir los costos de transporte (el costo de llevar una tonelada de algodón entre Querétaro y la Ciudad de México bajó de 61 pesos en 1861 a tres pesos en 1910).
A estos tres puntos se debe agregar el hecho que, en muchos países, las élites nacionales elevaron su perfil exportador a través de políticas nacionales dirigidas al apoyo del crecimiento del sector. Un caso puntual fue Honduras en 1913, cuando el gobierno entregó 162,000 hectáreas concesionadas al United Fruit Company para cultivar plátano a cambio de la promesa de construir vías férreas en la costa norte del país.
Finalmente hay que señalar tres cosas. Primero, de acuerdo con Bulmer-Thomas (1994), el modelo exportador se consolidó a través de la región –las exportaciones registraron incrementos entre 137 por ciento (Honduras) hasta más de 3,900 por ciento (Argentina) entre 1850 y 1913, o sea entre 2.2 y 63 por ciento en promedio por año. Segundo, el portafolio de exportaciones era dependiente de la extracción de recursos no renovables (los casos de Chile y Bolivia) o de la explotación de los suelos (Costa Rica y Venezuela). Además fue muy concentrado: los dos principales rubros de exportación contribuyeron más de tres cuartas partes de las exportaciones en la mitad de los países (hasta 96 por ciento en El Salvador). Tercero, la innovación tecnológica (especialmente en el sector minero) y los avances en el transporte ayudaron a abaratar el costo de suministrar los productos primarios y eso, frente a una baja elasticidad ingreso de la demanda por tales bienes, causaría un deterioro en los términos netos del intercambio comercial a través del tiempo. Este fenómeno fue notado en el caso de América Latina entre 1870 y 1930 por dos economistas – Hans Singer y Raúl Prebisch – y fue el eje fundamental para que la CEPAL propusiera en ese momento una nueva estrategia de desarrollo (ver siguiente sección), la cual tuvo menos énfasis en extraer y exportar los recursos naturales de la región.
El modelo de sustitución de importaciones

El segundo modelo es la estrategia de sustitución de las importaciones, la cual intentó reducir la dependencia en mercados externos a través del propio desarrollo de la producción de bienes industrializados con destino final al mercado interno. No obstante, este modelo tiene un origen externo, ya que la Gran Depresión de 1929-1931, así como el crecimiento en la protección arancelaria por parte de los países industrializados, aunado a la Segunda Guerra Mundial, cortó las redes internacionales de comercio, lo que llevó a la CEPAL y a los gobiernos de la región a buscar un nuevo modelo más acorde con las necesidades latinoamericanas. En esta fase entonces, las políticas nacionales (especialmente después de los años cincuenta) jugaron un papel más importante en fomentar caminos propios de desarrollo. Entre las políticas generalmente aplicadas podemos destacar las tarifas y barreras no arancelarias para prevenir importaciones seleccionadas y así excluir bienes que pudieran competir con la producción de la naciente industria nacional. Las tasas de cambio sobrevaloradas permitieron la entrada de bienes de capital para consolidar a la industria nacional, así como las tasas de interés subvencionadas fomentar la inversión industrial. Un régimen fiscal que favoreciera al sector industrial nacional y restricciones o recortes en la inversión extranjera en la economía doméstica, incluyendo la nacionalización. Además, se apoyó la inversión estatal para romper los “cuellos de botella”, como la falta de infraestructura, educación, suministro de energía y otros bienes. Y finalmente, la formación de mercados regionales (LAFTA, CACM) para expandir el mercado regional y organizaciones de “commodities” (OPEC, UPEB, ITC) para aumentar los precios recibidos en el mercado internacional.
Esta estrategia fue muy exitosa en términos de crecimiento económico ya que en varios países el PIB creció a tasas entre seis y ocho por ciento por año entre los años cincuenta y ochenta. Aunque cuando se toma en cuenta el crecimiento poblacional los incrementos bajan, todavía fueron tasas aceptables. México, por ejemplo, creció a una tasa real de 3.1 por ciento per capita por año en este periodo.
Pero ¿cuál fue el efecto de estas políticas en los recursos naturales? Se pueden distinguir tres tendencias de esta fase a nivel regional. Primero, el énfasis en industrializarse provocó una demanda creciente por energía y la crisis energética de 1973 dio un empuje a la exploración y extracción de petróleo y gas en la región. Mientras que el intento fue satisfacer la demanda nacional por energía, también permitió aumentar la exportación de ciertos países. El efecto fue enorme en ciertas localidades –la explotación petrolera en Tabasco y Chiapas, México en los setenta, por ejemplo, convirtió a Villahermosa, originalmente un pequeño pueblo ribereño, en una ciudad portuaria de refinerías con más de un millón de personas (Dore, 2000: 17). Igualmente, esta crisis energética ayudó a fomentar el interés en la energía renovable, más notoria en Brasil, donde se expandió la capacidad hidroeléctrica instalada de 18,500 Gigawatts hasta 54,000 Gigawatts entre 1975 y 1985. Durante este proceso, surgieron las primeras inquietudes sobre los efectos ambientales de las represas (Ferradas, 1998). A finales del siglo veinte, Brasil tenía más de 600 represas produciendo 96.8 por ciento del poder de generación del país.
Segundo, el crecimiento industrial también creó una demanda nacional por otros recursos no renovables, como el cobre y el estaño; aunque los precios internacionales todavía han tenido una gran influencia en determinar sus niveles absolutos de producción. En el caso del estaño, por ejemplo, mientras que el desarrollo de minería a cielo abierto bajó los costos de producción considerablemente, las actividades del Consejo Internacional de Estaño a través del uso de cuotas de exportación y reservas estratégicas (“buffer stocks”) ha favorecido el alto nivel de los precios. Esta alza de precios ayudó a la empresa estatal de estaño de Bolivia (COMIBOL), uno de los productores con mayores costos de producción en el mundo, a evitar la bancarrota hasta los años ochenta.
Tercero, el favorecimiento del sector industrial en los planes de desarrollo también tiene un efecto en el sector agrícola, lo cual fue visto como una fuente de ingresos para fomentar el sector industrial (el caso de las agro-exportaciones) o como fuente de alimentos baratos para sostener la creciente fuerza de trabajo industrial/urbano. En Centroamérica, por ejemplo, se le da prioridad al crédito y a los incentivos dirigidos al sector agro-exportador tradicional, mientras que se introducen programas de reforma agraria (como en Honduras en 1962, 1972 y 1975) para aumentar la producción de granos básicos y reducir el número de campesinos sin tierra (Bulmer-Thomas, 1994; Thorpe, 2002). Ambas políticas tuvieron impacto en el uso de la tierra, tanto extensivo como intensivo.
La fase que corresponde a este segundo modelo llegó a su término debido a la crisis por la deuda durante los años ochenta. Esta crisis tuvo un origen interno para muchos países de la región ya que el endeudamiento resultó por un intento frustrado de avanzar en el proceso de desarrollo industrial frente a factores externos no favorables –como la recesión mundial y los aumentos en las tasas reales de interés. Aunque es cierto que los mercados internos se desarrollaron en esta fase, especialmente en los grandes países latinoamericanos como Brasil, México y Argentina, en realidad la región quedó muy abierta al comercio internacional. Igualmente, si comparamos la estructura de las exportaciones de América Latina en 1985 con la estructura de tres cuartos de siglo atrás, estos países dependen de la explotación de sus recursos naturales (incluyendo el suelo, con los cultivos) para conseguir buena parte de sus divisas (Tabla 3). Sin embargo, los aumentos en las exportaciones son más elevados en los países que empezaron a aprovechar sus depósitos de petróleo –como Ecuador, México, y Venezuela, países en donde este recurso llega a dominar su portafolio de exportaciones. Solamente Argentina y Brasil se han diversificado lo suficiente como para que los dos principales productos de exportación no contribuyan más del 30 por cierto al ingreso de divisas.

EL NUEVO MODELO ECONÓMICO

La tercera fase (el “nuevo modelo económico” o programa neo-liberal), entró en vigencia en Chile bajo el régimen de Pinochet en los setentas y, en la mayoría de los demás países de la región, en los ochentas – una década que fue denominada como la “década perdida” por parte de algunos observadores, dado que el crecimiento económico fue muy bajo o negativo. El nuevo modelo económico generalmente enfatiza el libre mercado y exhorta a los países a explotar sus ventajas comparativas en el mercado internacional. Este sistema se caracteriza, entre otras, por las siguientes medidas:
• Liberalización del comercio, en particular una reducción significativa en los aranceles, la derogación de otras barreras de comercio y la depreciación de la moneda nacional a su nivel ‘real’ – no sobrevalorado.
• Reformas fiscales, en particular una reducción del gasto público y un cambio en la fuente de ingresos estatales a través de la privatización (corto plazo) y reformas tributarias (ahora con más énfasis en impuestos sobre el consumo).
• Reformas al mercado de capitales, en particular la liberalización de las tasas de interés, reformas bancarias y la derogación de los controles de capital –lo que permitió atraer la inversión extranjera.
• Reformas laborales con el objetivo de facilitar la contracción y la desvinculación de la fuerza de trabajo.
• Privatizaciones para reducir el papel del Estado en la economía.
Es cierto que el nuevo modelo dio beneficios de crecimiento del PIB en los noventa, pero ¿cómo afectó los recursos naturales y el medio ambiente de la región? Aunque es difícil generalizar, este modelo impactó la utilización de los recursos naturales en Latinoamérica de tres maneras: a) se incentivó la producción de bienes mercadeables; b) se favoreció la exportación de productos no tradicionales y c) se cambió el derecho de la propiedad pública hacia la propiedad privada. Para argumentarlo, se presentan a continuación cuatro estudios de caso.

a) Se incentiva la producción de bienes mercadeables

Caso 1: Perú – Fujimori (1990-2000) y el sector minero. Con la elección de Alberto Fujimori en 1990 se instaló el modelo neo-liberal en Perú. El siguiente año su gobierno abrió la economía nacional -permitiendo a los inversionistas internacionales utilizar los mercados nacionales de crédito e invertir en todos los sectores, mientras que se derogaron las restricciones de remitir ganancias, dividendos y regalías al extranjero. El mismo año se ofrecieron paquetes de impuestos preferenciales (de estabilización) de diez o quince años para inversionistas internacionales –mientras se empezó el proceso de privatización. En 1996 se aprobó la Ley 26615 –la Ley Nacional de Catastro Minero– la cual agilizó el proceso para registrar solicitudes y permisos, revisó las leyes sobre la tenencia de la tierra y centralizó la administración de concesiones mineras (Bury, 2005: 222-223). Además, la exitosa campaña contra Sendero Luminoso también mejoró el ambiente inversionista en el sector rural.
¿Cuáles fueron los efectos de la política Fujimorista? En términos de la propiedad, se privatizaron más de 200 empresas del sector minero entre 1992 y 2000, generando más de US$1.2 mil millones para el gobierno –transfiriendo 95% del sector a manos privadas en el año 2000, comparado con el 55% en 1990. En términos del efecto en la inversión minera (solamente en 1992 se registraron más solicitudes o permisos que en todos los quince años anteriores) con el total de solicitudes y permisos subiendo a 22 millones de hectáreas en 2000 (4 millones de hectáreas en 1992), lo cual cubre 10% de toda la tierra en el país. En términos de la producción (como se muestra en la Tabla 4) tiene un efecto dramático en la producción de estaño (al momento que los precios internacionales disminuían), con incrementos importantes también en la producción de oro, cobre y zinc durante la década.

b) Se favorece la exportación de productos no tradicionales

Caso 2: Argentina -Menem (1989-1999) y el sector pesquero. Con la elección de Carlos Menem en 1989 se instaló el modelo neo-liberal en Argentina. La estabilidad económica impulsó la inversión en el sector, ayudado por (i) la decisión de permitir la importación de barcos pesqueros para la industria casi libre de impuestos, (ii) una nueva ley pesquera que agilizó el proceso de naturalizar buques del extranjero y (iii) un decreto ejecutivo de 1992 el cual permitió a empresas nacionales alquilar barcos con bandera extranjera. En 1993 el gobierno Menemista concluyó un acuerdo con la Comunidad Europea, la cual redujo en dos terceras partes el arancel para productos pesqueros argentinos a cambio de mayor acceso a las aguas argentinas por parte de las flotas europeas. Además, los altos precios internacionales de la merluza argentina también favorecieron el ambiente inversionista en el sector.
¿Cuáles fueron los efectos de la política Menemista? En términos del efecto en la inversión pesquera, entre 1991 y 1995 el número de buques pesqueros argentinos pasó de 263 a 371, mientras que el tonelaje bruto registrado de la flota casi se duplicó, de 129 mil toneladas hasta 213 mil toneladas.
En términos de la propiedad, los mayores beneficiarios fueron los nuevos inversionistas nacionales con barcos que contaban con procesamiento y enfriamiento, así como inversionistas internacionales de España, Japón, Corea y Taiwán, los cuales entraron en proyectos “joint-venture” asociados con sus contrapartes locales, mientras que varias empresas tradicionales enfrentaron la bancarrota. En términos de la producción, la explotación de la merluza argentina y el valor de las exportaciones pesqueras casi se duplicó entre 1990 y 1995 (Figura 1). Sin embargo, dio como resultado la sobreexplotación y, aunque se introdujo una nueva ley y cuotas para proteger esta pesquería, fue muy tarde y - hasta ahora- ni la producción ni las exportaciones pesqueras alcanzan los niveles de la década anterior. Además y, simultáneamente, se incentivó la producción de nuevos bienes comerciables. Por ejemplo, la diversificación en las exportaciones fue un punto clave en el crecimiento económico per capita entre 1980 y 2003 (Agosin, 2009: 128-130).

Caso 3: Honduras: neo-liberalismo y el sector camaronero. Aunque el nuevo modelo económico en Honduras data del gobierno de Rafael Callejas en 1990, el sector camaronero ya se había beneficiado desde antes por políticas verdaderamente neo-liberales. El Decreto 37 de 1984 introdujo el Régimen de Importación Temporal (RIT), el cual permitió que empresas desarrollando nuevos tipos de exportaciones (no tradicionales) pudieran importar bienes de capital libres de arancel y gastos administrativos, otorgando exenciones para pagar impuestos en las ganancias por un periodo de diez años.
Junto con la Iniciativa de la Cuenca del Caribe de los Estados Unidos, el cual permitió la entrada libre de impuestos de exportaciones no tradicionales al mercado norteamericano, se dio un fuerte empuje al desarrollo del sector. El Acuerdo 229 (1991), aprobado bajo el mandato del gobierno de Callejas, el Ministerio de Turismo y el DIGPESCA promovieron el alquiler de tierras de la costa del Pacífico a inversionistas por precios de US$1-5 (3-15 lempiras) por hectárea y, aunque el proceso concesionario fue más tradicional que neo-liberal, en el sentido que fue burocrático y costoso (involucrando 47 pasos y 5 agencias – tardando 14 meses y costando alrededor de US$2,500 por aplicación), esto no disuadió a las inversionistas (Stanley y Alduvin, 2000: 13-15).
¿Cuáles fueron los efectos de tales políticas? En términos del efecto en la inversión camaronera, la expansión desenfrenada del sector siguió hasta 1995, al punto que se otorgaron 25,100 hectáreas de concesiones poniendo alrededor de 34% de la costa del Pacífico bajo el control camaronero. En términos de la propiedad estas concesiones quedaron en manos de 88 empresas locales, es decir, un promedio de 285 hectáreas por empresa. En términos de la producción (Figura 2), ésta se duplicó entre 1990 y 1995, con el área de producción estabilizándose alrededor de 14,000 hectáreas.
El aumento en las exportaciones fue más notorio, creciendo más de cuatro veces durante la década de los noventa. Este aumento convierte al camarón en el tercer producto más importante de exportación del país, pero ha enfrentado fuertes preocupaciones sobre la destrucción de los manglares y la contaminación del agua (Stonich y Bailey, 2000: 23-25). De esta manera, el gobierno trató de manejar la expansión, exigiendo la realización de un estudio de impacto ambiental antes de entregar la concesión solicitada (1993), imponiendo una moratoria a la expansión del sector (1996), y designando casi 70,000 hectáreas de la costa sur como áreas protegidas (1999).

c) Se cambió el derecho de la propiedad pública hacia la propiedad privada

El nuevo modelo económico, a través de la privatización, ofrece oportunidades al sector privado a entrar en nuevas áreas de producción y distribución –los cuales pueden incidir en el uso y manejo de los recursos naturales. Además, se abre la puerta a la inversión extranjera en tales campos. Lo importante aquí es, primero, que los intereses y objetivos privados tal vez no son iguales a los intereses y objetivos públicos y segundo, los intereses y objetivos de inversionistas internacionales tal vez no son iguales a los intereses y objetivos de inversionistas nacionales. ¿Cómo puede esto afectar al manejo y uso de los recursos naturales? Para responder a esta pregunta se presenta el cuarto estudio de caso: Cochabamba, Bolivia.

Caso 4: Cochabamba, Bolivia y la guerra del agua. De acuerdo con Nickson y Vargas (2002) y Assies (2003), el servicio de agua potable había sido suministrado a la población de Cochabamba por la empresa municipal SEMAPA desde 1967. Sin embargo, su cobertura solamente llegaba al 57% de los residentes (mientras se pierde más del 50 por ciento del suministro por fugas en un sistema inadecuado de distribución) y con una demanda no satisfecha estimada en 39 por ciento, el racionamiento se volvió muy común en las temporadas secas Además, como consecuencia de las tomas ilegales (5-10 por ciento del suministro) y la falta de pago de facturas, SEMAPA tenía un déficit financiero de alrededor de US$30 millones. Para renovar el sistema nacional, el gobierno neo-liberal de Hugo Banzer aprobó la Ley 2029 (La Ley de Servicios de Agua Potable y Alcantarillado Sanitario) en 1999. Esta ley ofreció concesiones de 40 años de suministro de agua -bajo ciertas condiciones– a empresas estatales y privadas. La concesión-monopolio de Cochabamba fue ganado por una empresa internacional –Aguas del Tunari– y el contrato firmado entre la empresa y el Estado vio la compañía asumiendo la deuda de SEMAPA y prometiendo: i) reparar los tubos para reducir las pérdidas del liquido, ii) aumentar la cobertura hasta el 90 por ciento en 2004 (100 por ciento para 2034), y iii) participar en el proyecto MISICUNI –para resolver el problema de escasez de agua en el pueblo. Por su parte, la compañía aseguró el derecho de aumentar las tarifas cobradas hasta el 35 por ciento en 2000 y 20 por ciento más en 2002 - para cubrir estos gastos y también garantizar un retorno del 16 por ciento en el capital invertido a la empresa. Así, el 1o de enero de 2000, las tarifas aumentaron en un promedio de 35 por ciento. Sin embargo, como se implementó un nuevo sistema tarifario, para algunos consumidores (muchos de ellos de clase alta y con un alto consumo del líquido), el incremento ascendió entre 106 y 200 por ciento. Esto provocó manifestaciones en las calles y, frente a esta protesta social, el gobierno anunció una rebaja en las tarifas del 20 por ciento en febrero y después, en abril, la concesión fue revocada: Aguas de Tunari salió de Bolivia (Nickson y Vargas, 2002; Assies, 2003).
En resumen y generalizando estos cuatro estudios de caso, se puede señalar que, aunque el crecimiento económico fue restaurado (y algunos observadores sugieren que la pobreza también se redujo) bajo el régimen neo-liberal, esto fue acompañado con un creciente énfasis en el comercio internacional como herramienta de desarrollo. En Latinoamérica esto se tradujo en una creciente explotación de los recursos energéticos y minerales, mientras que la expansión de las exportaciones agrícolas pusieron más presión en el suelo y el agua para riego, así como un aumento en la deforestación. Aunque el nuevo modelo también puede ayudar a conservar los recursos naturales por medio de instrumentos como el precio como una señal de su escasez (como en el caso del agua en Bolivia), su éxito dependerá de que existan las instituciones, los reglamentos y algo crítico, la voluntad política (o ausencia de corrupción) para lograrlo.
Al comienzo del Nuevo Milenio, una combinación de factores – entre ellos “el efecto China”, los altos niveles de crecimiento económico a través del mundo, las tasas de interés bajas y un creciente interés por parte de inversionistas en “commodities” como el estaño, el petróleo y los alimentos, reforzó el crecimiento de exportaciones – y a través de eso – el crecimiento del PIB a lo largo de Latinoamérica, ejerciendo más presión sobre la explotación de suelos y la extracción de minerales. Entre octubre de 2001 y abril de 2007, el precio internacional del estaño y del zinc se cuadruplicaron, el precio del cobre aumentó cinco veces y el del níquel diez veces. Y bajo esta tendencia alcista de precios, comenzó la crisis global.

CONCLUSIÓN

La historia económica es una forma útil de analizar modelos de utilización de recursos naturales. Así, se han presentado las diferentes etapas de su uso en Latinoamérica, desde la época colonial hasta el presente. Un patrón que se ha repetido durante este lapso es la exportación como puntal del desarrollo regional, aún a pesar del modelo de sustitución de importaciones. Si durante la época colonial predominó la extracción de metales preciosos y productos tradicionales, más recientemente ha habido una diversificación (incluyendo las exportaciones no tradicionales), pero bajo el mismo principio de obtención de divisas.
Es claro que, entonces, una crisis financiera global, tendrá repercusiones fuertes por la disminución de la demanda. Aunque este efecto será temporal, es una buena oportunidad de reflexionar sobre estos modelos de desarrollo basados siempre mirando al exterior. Los recursos naturales pueden seguir siendo fuente de divisas pero promover el desarrollo de una industria de la transformación, sustentable, con tecnología propia y diversificada, para generar productos con valor agregado y con más opciones de consumo para los habitantes de la región, puede ayudar a sentar las bases para un crecimiento sostenido. Esto contrastaría con la extracción-exportación de materias primas, cuya renta económica si no se disipa por la sobre-explotación, se transfiere a terceros países, manteniendo la desigualdad y el deterioro ambiental, que hasta el momento ha sido generalizado en Latinoamérica.


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